Renacimiento

Naciones y pueblos del mundo renasco

En los territorios de Renacimiento

Los términos renacentista o renasco se aplican tanto a las gentes de Renacimiento y de sus tierras anejas, en el nordeste de la península, como a los de las tres provincias tributarias de Entraguas, Lagos y Salinas, puesto que todos ellos son legalmente ciudadanos renascos y hablan la misma lengua y tienen, casi, una historia común. Todos coinciden en sentir un orgullo desmedido por pertenecer a un pueblo que se considera a sí mismo descendiente y heredero de los dioses legendarios, algo de lo que se nos habla ya en el primer capítulo de la novela El nubi, donde el narrador niega que sus compatriotas tengan rasgos divinos. Por el contrario, se esfuerza en afirmar que son personas de carne y hueso. Esto último, que sepamos, reza para los renacentistas y también para los demás que viven en el mundo renasco, incluyendo la Meseta. No vamos a hablar de etnias, por tanto, sino de naciones o pueblos: de individuos que comparten entre sí una cultura.

Aunque en la época que El nubi describe no son países soberanos, las provincias renascas fueron en el pasado reinos independientes, con sus propias leyes, sus gobernantes y sus costumbres. Quizá por eso se les conoce también por otros gentilicios –además de los ya citados renacentista y renasco – que son propios de los habitantes de cada una de ellas:

  • Entraguanos: de la provincia de Entraguas. Los de la capital, Entrerríos, son conocidos como entrerrianos.
  • Lagueses o lacustres: de Lagos. Se llama laguneses a los de su capital, Laguna.
  • Salineses: de la provincia y de la ciudad de Salinas.





En el Altiplano

norte meseta



Podemos diferenciar claramente cinco grupos:

  • Neolaguneses: habitantes de Nueva Laguna. Tras la guerra que convirtió los reinos independientes de Entraguas, Lagos y Salinas en provincias renascas, en el año 157 de la Erasmia, muchos nobles provincianos fueron condenados al destierro en la Meseta. Allí fundaron, en el distrito de Terrazas, la ciudad y el reino de Nueva Laguna, donde continuaron la antigua dinastía monárquica que había gobernado Lagos. Hijos y nietos de nobles, son orgullosos, despóticos, y se creen superiores al resto de los seres humanos.
  • Vagas: nómadas que carecen de hogar y que recorren el Norte de la Meseta con sus carros y caballos. Se trata de una tribu (un conjunto culturalmente homogéneo de invidivuos con antepasados comunes, sean estos míticos o reales) dividida en un número cambiante de clanes independientes. Su lengua es el renasco. Cabe destacar que todos los clanes celebran una gran fiesta anual en el circo de Recordatorio, y que acogen a los extranjeros generosa y amablemente.
  • Haiducos: habitan las tierras bajas del Altiplano. Se dice que en el pasado fueron nómadas también, pero que un buen día fundaron aldeas y ciudades y se asentaron para siempre. No constituyen una nación en realidad, sino muchas, independientes entre sí, diseminadas a lo largo y ancho del Norte de la Meseta, que forman diversos reinos, ciudades-estado, principados... También tienen como lengua el renasco.
  • Sicas: montañeses, habitantes de las tierras altas. Hablan un idioma incomprensible, se visten con pieles, y portan una espada curva y pesada, la sica, de la cual es probable que proceda el nombre de este pueblo. Viven de asaltar las caravanas vagas que se atreven a cruzar por los pasos elevados, y sus casares –aldeas de piedra situadas en cumbres inaccesibles– son extremadamente pobres.
  • Haltios: pueblan el Sur de la Meseta, al otro lado de los Montes Haltianos. Hay rumores de que son caníbales, y se sabe que trafican con esclavos. Los vagas los consideran demonios, seres sobrenaturales malvados e invencibles. Se cuenta que nadie ha vuelto de sus territorios.