Esta es la introducción que figura en El nubi. No es un prólogo de un autor famoso, ni tampoco la sinopsis de una obra anterior. Ni siquiera tienes por qué leerla. Y aunque la leas no te ayudará a comprender mejor la novela, porque en realidad nada tiene que ver con lo que se cuenta en ella. Es una introducción irrelevante, innecesaria, un añadido, podríamos decir, que pretende contar otra historia diferente: la de un humilde editor que encuentra un nuevo mundo misterioso, tal vez imaginario, tal vez real, tal vez delirante, y que abre un sitio web para intentar profundizar en él.

Puedes leer esta introducción usando los enlaces adjuntos (en la barra lateral), pero también está disponible en otros formatos, junto con los primeros capítulos de la novela:

1.- El descubrimiento del «Mundo Renasco»


Hace ya tres años, la prensa se hizo eco del hallazgo: en una pequeña población de la costa oriental –cuya fama no contribuiré a incrementar, porque creo que sus honrados habitantes no merecen más molestias de las ya sufridas– cinco pescadores hallaron una embarcación llamada Mundo Renasco que había encallado en la arena. No se encontró en su interior ni un alma, pero sí cientos, tal vez miles de libros. Era como una gigantesca botella que las corrientes hubiesen traído a nuestras playas desde algún lugar desconocido.

La nave parecía haber perdido el arbolado durante el huracán que esos días azotaba la zona. Sus descubridores creyeron erróneamente que era de procedencia italiana por el nombre pintado en el casco, que no entendieron, y que en realidad estaba escrito en lengua española, Mundo Renasco, pero no llevaba bandera ni otros signos con los que poder averiguar su nacionalidad. Al abordarla, descubrieron otras cosas sorprendentes: primero, estaba fabricada en madera, material poco usado en los astilleros actuales , y calafateada con estopa y brea, de lo cual dedujeron que sería de construcción antigua o artesanal; segundo, no tenía mástiles ni había indicios de que los hubiera tenido jamás, y como carecía de otro motor visible, contra toda lógica, no fueron capaces de comprender cómo podía impulsarse; lo tercero fue que tampoco encontraron timón ni forma de gobierno conocida, y por eso algunos la describieron como una «una cáscara de nuez», concebida para flotar en el agua al capricho de las corrientes, con una cubierta plana en la que no había nada, salvo una única trampilla sellada con alguna sustancia impermeable que debía de conducir a la bodega. Pensando que sus posible ocupantes podían estar en el interior y necesitar de auxilio urgente, después de gritar y de dar golpes sin obtener ninguna respuesta, procedieron a romper el sello y a entrar, pese a que eso podía infringir la legislación vigente sobre hallazgos en el mar. Pero allí no había nadie, ni vivo ni muerto; solamente encontraron libros y libros cuidadosamente colocados y amarrados en estantes, que no se atrevieron a tocar por no cometer algún delito. Ya que no había colegas a quienes prestar ayuda, ni nada que tuviese valor inmediato para ellos, los pescadores se fueron del lugar. Comunicaron en la comisaría local que habían avistado los restos de un naufragio, por supuesto sin hablar de la inspección realizada ni mencionar otros detalles.

Los crímenes del Mundo Renasco

Como es obligatorio en estos casos, fueron enviados bomberos y sanitarios para hacerse cargo del rescate y consecuente cuidado de los potenciales náufragos. Tras comprobar que no era necesaria la presencia de tanta gente, solo quedaron en el sitio cuatro agentes de policía para montar guardia, a la espera de que acudieran de la capital los expertos funcionarios responsables de catalogar los descubrimientos de este tipo. Al día siguiente, los policías estaban muertos y del barco solo quedaban cenizas.

El crimen llamó la atención de los ávidos periodistas, y es la razón de que acudieran allí por docenas. Al amanecer del día posterior al descubrimiento, los cadáveres de los cuatro guardias presentaban evidencias de haber sido asesinados, y el arca –como quisieron bautizarla los medios– ardía en llamas. No fue posible apagarlas antes de perder la embarcación y, supuestamente, su misterioso contenido, y solo pudo iniciarse una investigación de los hechos que todavía no se ha cerrado. Para desgracia de esa población, sus habitantes han sido considerados sospechosos del cuádruple crimen uno tras otro, aunque ninguno acusado formalmente todavía. No me cabe duda de que pronto serán descartados, pues he hablado con todos en varias ocasiones, y creo que ninguno de ellos tuvo que ver con el trágico suceso. Aunque la condena pública siempre es anterior a la judicial, y la excesiva cobertura mediática ha hecho que personas morbosas y de poca calidad humana se hayan acercado a curiosear, por conocer a los presuntos asesinos y destructores de un también presunto patrimonio.

Huelga decir que los libros habían desaparecido. La pregunta fue entonces y sigue siendo ahora la siguiente: ¿desaparecieron antes o durante el incendio?

2.- Los libros recuperados


Apenas un año después de lo acaecido en la playa, se decía en los círculos académicos que los volúmenes que aquellos pescadores juraban haber visto se habían salvado del incendio, tal vez porque fueron robados por la misma persona que debió de provocarlo. La casualidad hizo que uno de ellos, El nubi, cayese en mis manos...

Al principio no presté demasiada atención a estos chismes, sabiendo que todo lo relacionado con esta desgraciada historia era –y sigue siendo– objeto de interés para detectives de todas las agencias, por la publicidad que el caso conlleva, y que ellos mismos podían haber hecho correr esas afirmaciones. Pero también supe que en las librerías de viejo de medio mundo empezaron a aparecer obras que presumían proceder de la bodega de la embarcación siniestrada, y que muchos coleccionistas las adquirían a precios escandalosos. Uno de estos, menos confiado que otros, me consultó sobre la autenticidad de una de ellas antes de comprarla, y el librero accedió amablemente a prestármela para un examen.

Una copia, por supuesto

El texto estaba manuscrito, imitando una escritura tal vez antigua, exótica, pero a simple vista se percibía que era de manufactura reciente. Por si no bastara mi humilde experiencia bibliográfica, hallé entre las páginas una nota suelta, una octavilla impresa por medios electrostáticos, en la que un anónimo amanuense advertía que aquel libro era una copia –realizada a mano y a pluma, eso sí– de uno de los originales que según los rumores fueron recuperados del Mundo Renasco antes de que este ardiera...

A pesar de todo, pretendía leerlo y estudiarlo a fondo, pero antes hice que varios expertos sometieran el papel y la tinta a diversas pruebas que aportaran base tanto a mis sospechas como a la inusitada advertencia. Los análisis confirmarían que el volumen había sido compuesto de forma artesanal con materiales actuales, corrientes, baratos y disponibles en el mercado, solo un par de semanas antes de que llegara a mi poder, y que por tanto no podía haber estado jamás en la bodega de un barco desaparecido entre las llamas un año antes.

Ni el avergonzado librero ni el decepcionado comprador quisieron recuperar la obra después de saber esto, así que quedó en mi poder y la he tenido conmigo desde entonces. Su posesión ha sido una riqueza, pero también ha provocado profundos cambios en mi vida.

3.- Una obsesión


Aunque no había duda de que poseía un libro que no podía valer ni la décima parte de su precio, la historia que en él leí, y las circunstancias extrañas que lo envolvían bastaron para que me involucrara en las pesquisas –no policiales, sino históricas, literarias y bibliográficas– del fenómeno que ya se ha dado en llamar, como el arca perdida, Mundo Renasco. Para ser sincero, tengo que decir que me obsesioné con aquel libro y con todo lo que tuviera que ver con él y sus circunstancias.

Mientras recorría nuestra pintoresca campiña en un autito azul, disfrutando de la compañía de una persona entrañable que no se merecía la indiferencia a que de pronto se vio sometida, leí y releí la obra que el azar me había proporcionado. En seguida me quedé solo, comprendo que por mi culpa, aunque debo decir que también libre para indagar y seguir innumerables y a menudo infructuosas pistas. De una fui saltando a otra, frenéticamente, al tiempo que mi maleta viajaba por medio mundo –a veces estuvo en lugares a los que nunca he ido, pero esa es otra cuestión relacionada con los aeropuestos– en una búsqueda poco recomendable de obras semejantes.

Otros textos

El resultado de dos años y medio de trabajo no es tan bueno como esperaba, pues no he podido hallar ni uno solo de los libros auténticos de la embarcación siniestrada. Con mucho esfuerzo, y un gasto insostenible para mi precaria economía, he logrado localizar algunos de los volúmenes que circularon por las librerías, y recomprarlos a sus primeros poseedores. Todos ellos son manuscritos, pero también todos copias –realizadas a mano, como la primera, y copias únicas, no ejemplares repetidos– de algunos títulos de esos escurridizos originales.

Una buena parte de ellos contiene también la misma nota de advertencia que antes he mencionado, y eso me induce a pensar que probablemente todos llevaran una, y que algunos coleccionistas no la vieron, lo cual explicaría que ahora yo la haya encontrado; otros, quizá, se deshicieran de ella para hacer pasar su copia por original ante los frívolos invitados de sus fiestas, y tal vez la simple vanidad sea la razón de que varias de las obras no conserven ya esa octavilla entre sus páginas. En cualquier caso, debe quedar bien claro que ninguna de ellas es original, ni tiene sentido por tanto usar métodos físicos o químicos para estudiar su procedencia.

¿Originales? ¿Apócrifos?

La autenticidad de los textos del Mundo Renasco es tan probable en estos momentos como su falsedad. Personalmente, quiero suponer que los originales existieron, y que los volúmenes que yo poseo son copias de estos, realizadas por un desconocido copista –o por varios– que intentó ser fiel y honesto al reproducirlos.

De la honestidad, parece prueba suficiente la nota de advertencia, nada corriente cuando se trata de falsificaciones. En cuanto al supuesto de fidelidad, no es algo nuevo en mi profesión, sino cotidiano: muchas obras de la Antigüedad famosas no han llegado a nuestros días más que por referencias externas, o por compilaciones posteriores, y aun así se publican diariamente cientos de estudios sobre ellas. Basten como ejemplo las de Homero, las de Platón o, sin ir más lejos, los libros de la Biblia cristiana.

Para los textos del Mundo Renasco pido el mismo trato.

4.- «Mundo» y «renasco»


El nombre de la misteriosa nave, Mundo Renasco, no es casual ni fruto de un capricho: deduzco que ese arca cargada de libros pretendía dar a conocer un país llamado Renacimiento, que se encuentra en una península desconocida para nosotros. Los términos renasco y renacentista son gentilicios que designan a los habitantes de dicho país y, además, renasco también es el nombre de la lengua que estos hablan, que parece ser una variante del español o de algún dialecto del mismo.

El renasco es el idioma más hablado en la citada península, pero hay otros, y no ha dejado de sorprendernos el uso de vocablos arcaicos para nombrarlos –anglo, luso, germano– en vez de sus posibles equivalentes actuales –inglés, portugués, alemán– que no se mencionan en ningún momento. Esto ha llevado a algunos a pensar que Renacimiento existió en un tiempo anterior al nuestro. No hay datos que sustenten esa creencia. Podríamos estar ante obras del pasado, del futuro o del presente e incluso, como se han atrevido a postular algunos osados, de un universo paralelo.

Un nuevo mundo

La influencia que Renacimiento ejerce o deja de tener sobre otras naciones de su entorno aconsejan la expresión mundo renasco –del mismo modo que se llamaba mundo romano a los territorios que fueron influidos por Roma en la Antigüedad– para denominar a en conjunto a todos los países de esa península. En realidad, se trata de eso, de un mundo –y de ahí el nombre– con sus pueblos, leyes, costumbres, lenguas, guerras, religiones... Un lugar desconocido para nosotros, a veces exótico y otras demasiado familiar, pero un mundo en definitiva.

Alguien me ha sugerido que podría estar en otro planeta, pero las alusiones al Sol en las obras que he podido leer, y sobre todo a la Luna, parecen invalidar esa hipótesis. Que no podamos identificar esa península ni el mar que baña esas costas, ni reconocer ningún topónimo de los mencionados en los textos no invalida el hecho de que cada uno de los que he logrado examinar versa sobre este mundo y las gentes que lo habitan. Que todo sea real, o producto de algunas mentes quizá demasiado imaginativas, cada cual tendrá que decidirlo por sí mismo.

5.- El sitio web


Esta página, http://mundorenasco.com/, pretende recoger cuanta información exista sobre el Mundo Renasco y los libros perdidos en su incendio. Además de permitir a los internautas el participar activamente en una posible aventura, ofrece el mejor modo de difusión para las obras que no me cabe duda irán apareciendo, no solo para la lectura en línea, sino también para su descarga y conversión a diversos formatos. Nos gustaría contar con el mayor número posible de novelas, relatos, mapas, ilustraciones, canciones, etc. y publicarlas en estas páginas y –¿quién sabe?– en algún otro medio.

Queremos dar las gracias desde aquí a quienes ya forman parte de la comunidad renasca, y alentar a mandar su contribución a quienes aún no se han atrevido a hacerlo.

Los científicos de todo el planeta vienen utilizando desde hace décadas la Red para compartir sus descubrimientos en tiempo real. Los hombres de letras, o de humanidades, por llamarnos de algún modo, somos un poco reacios a abandonar viejas costumbres, a pesar de que nos hemos visto obligados a vivir entre dos mundos que inevitablemente se superponen. De un lado, idolatramos el libro como algo físico, ese objeto paralelepípedo que ha circulado por ahí en el último milenio –parafraseando a Italo Calvino– con el que aprendimos el alfabeto y a leer, porque ha llenado parte de nuestras vidas; de otro, los «nuevos» medios de comunicación parecen ofrecernos una infinitud de posibilidades que la tradicional imprenta no podría siquiera soñar. Por eso, cuando me propuse recuperar en lo posible los libros perdidos del Mundo Renasco, lo primero que pasó por mi mente fue crear un sitio web al que cualquiera pudiese tener acceso. Debía encontrar el modo de que la gente que poseyera algún texto se sintiera libre de enviarlo, dando su verdadero nombre o un pseudónimo, y de que quienes quisieran opinar sobre todo esto pudiesen hacerlo, sin censura. Y después de vencer las dificultades técnicas que para los no iniciados en la Informática tienen este tipo de empresas, la página nació por fin en el dominio http://mundorenasco.com/.

Esperamos tu ayuda. Si tienes algo que crees que puede pertenecer al mundo renasco, no dudes en enviarlo.